12 de Octubre del 1492 – día el descubrimiento del nuevo mundo

Una tesis de Derecho Internacional para determinar la deuda externa del viejo mundo

 Aquí pues yo, heredero espiritual de Guaicaipuro Cuatemoc, descendiente de los que poblaron la América hace cuarenta mil años, he venido a encontrar a los que la encontraron hace solo quinientos años. Aquí pues, nos encontramos todos. Sabemos lo que somos, y es bastante. Nunca tendremos otra cosa.

Guaicaipuro Cuatemoc cobra la deuda al viejo mundo.

El hermano aduanero europeo me pide papel escrito con visa para poder descubrir a los que me descubrieron. El hermano usurero europeo me pide pago de una deuda contraída por Judas, a quien nunca autoricé a venderme. El hermano leguleyo europeo me explica que toda deuda se paga con intereses aunque sea vendiendo seres humanos y países enteros sin pedirles consentimiento.

Yo los voy descubriendo. También yo puedo reclamar pagos y también puedo reclamar intereses. Consta en el Archivo de Indias, papel sobre papel, recibo sobre recibo y firma sobre firma, que solamente entre el año 1503 y 1660 llegaron a San Lucas de Barrameda 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata provenientes de América.

¿Saqueo? ¡No lo creyera yo! Porque sería pensar que los hermanos cristianos faltaron a su Séptimo Mandamiento.

¿Expoliación? ¡Guárdeme Tanatzin de figurarme que los europeos, como Caín, matan y niegan la sangre de su hermano!

¿Genocidio? Eso sería dar crédito a los calumniadores, como Bartolomé de las Casas, que califican al encuentro como de destrucción de las Indias, o a ultrosos como Arturo Uslar Pietri, que afirma que el arranque del capitalismo y la actual civilización europea se deben a la inundación de metales preciosos!

¡No! Esos 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata deben ser considerados como el primero de muchos otros préstamos amigables de América, destinados al desarrollo de Europa.

Lo contrario sería presumir la existencia de crímenes de guerra, lo que daría derecho no sólo a exigir la devolución inmediata, sino la indemnización por daños y perjuicios.

Yo prefiero pensar en la menos ofensiva de estas hipótesis. Tan fabulosa exportación de capitales no fueron más que el inicio de un plan “”MARSHALLTESUMA””, para garantizar la reconstrucción de la bárbara Europa, arruinada por sus deplorables guerras contra los cultos musulmanes, creadores del álgebra, la poligamia, el baño cotidiano y otros logros superiores de la civilización.

Por eso, al celebrar el Quinto Centenario del Empréstito, podremos preguntarnos: ¿Han hecho los hermanos europeos un uso racional, responsable o por lo menos productivo de los fondos tan generosamente adelantados por el Fondo Indo americano Internacional?

Deploramos decir que no. En lo estratégico, lo dilapidaron en las batallas de Lepanto, en armadas invencibles, en la primera y segunda guerra mundial y otras formas de exterminio mutuo, sin otro destino que terminar ocupados por las tropas de la OTAN, como en Afganistán o el Iraq. En lo financiero, han sido incapaces, después de una moratoria de 500 años, tanto de cancelar el capital y sus intereses, cuanto de independizarse de las rentas líquidas, las materias primas y la energía barata que les exporta y provee todo el Tercer Mundo.

Este deplorable cuadro corrobora la afirmación de Milton Friedman según la cual una economía subsidiada jamás puede funcionar y nos obliga a reclamarlas, para su propio bien, el pago del capital y los intereses que, tan generosamente hemos demorado todos estos siglos en cobrar. Al decir esto, aclaramos que no nos rebajaremos a cobrarles a nuestros hermanos europeos las viles y sanguinarias tasas del 20 y hasta el 30 por ciento de interés, que los hermanos europeos les cobran a los pueblos del Tercer Mundo.

Nos limitaremos a exigir la devolución de los metales preciosos adelantados, más el módico interés fijo del 10 por ciento, acumulado solo durante los últimos 300 años, con 200 años de gracia. Sobre esta base, y aplicando la fórmula europea del interés compuesto, informamos a los descubridores que nos deben, como primer pago de su deuda, una masa de 185 mil kilos de oro y 16 millones de plata, ambas cifras elevadas a la potencia de 300. Es decir, un número para cuya expresión total, serían necesarias más de 300 cifras, y que supera ampliamente el peso total del planeta Tierra. Muy pesadas son esas moles de oro y plata. ¿Cuánto pesarían, calculadas en sangre? Aducir que Europa, en medio milenio, no ha podido generar riquezas suficientes para cancelar ese módico interés, sería tanto como admitir su absoluto fracaso financiero y/o la demencial irracionalidad de los supuestos del capitalismo.

Tales cuestiones metafísicas, desde luego, no nos inquietan a los indios americanos. Pero sí exigimos la firma de una Carta de Intención que discipline a los pueblos deudores del Viejo Continente, y que los obligue a cumplir su compromiso mediante una pronta privatización o reconversión de Europa, que les permita entregárnosla entera, como primer pago de la deuda histórica…

Luis Britto García, escritor venezolano.

Guaicaipuro (de 1530 a 1568), fue un nativo indígena, jefe de varias tribu Caribes, con el título ‘Guapotori’ —Jefe de jefes— originario del grupo Teques.  Como líder de la resistencia indígena formó una coalición de gran alcance en contra de la conquista española en el territorio de la actual Venezuela.

Los antecedentes de una desigualdad económica entre el viejo y el nuevo mundo y como comienzo todo:

La empresa del Descubrimiento

Después que los turcos conquistaron Constantinopla y cortaron las rutas que conducían a las tierras de las especias, encontrar nuevos caminos para llegar allí se convirtió en una cuestión de vida o muerte para las economías de las naciones europeas.

El objetivo esencial de la época de los grandes descubrimientos geo­gráficos, al final de la Baja Edad Media y los comienzos de la Edad Moderna, consistió en llegar a la India. Los pueblos peninsula­res, España y Portugal, se colocaron resueltamente a la cabeza del movimiento, sintetizando, por un lado, los conocimientos de la cartografía de la Escuela Mallorquina -fruto de los esfuerzos del cartógrafo portugués Enrique de Avis y Lancaster, “El Navegante” (1394-1460)- y por el otro, las exploracio­nes de portugueses, andaluces y castellanos por el Atlántico.

Por­tugal se lanzó a la empresa de la India por la ruta del Este, siguiendo un periplo africano, coronado en 1486 por Bartolomeu Dias (1450-1500), descu­bridor del cabo de Buena Esperanza y la llegada de la flota de Vasco de Gama (1469-1524) a la India en 1498. Mientras tanto, España lo hizo con Cristóbal Colón (1451-1506) por la ruta del Oeste, lo que en definitiva implicó el hallazgo del conti­nente americano y del océano Pacífico, elementos que se interpo­nen entre el Atlántico y la costa asiática.

Los Reyes Católicos, financiadores de la expedición, se preo­cuparon en seguida por obtener las garantías legales sobre las tierras descubiertas en las “Indias”. Ello planteó, de nuevo, el pro­blema de las relaciones hispano-portuguesas. El laudo emitido en Roma con el nombre de bula Inter Caetera (“Entre los demás”) por el papa Alejandro VI el 4 de mayo de 1493, otorgó a los españoles la posesión de las tierras situadas a cien leguas al oeste de las Azores o de Cabo Verde.

Planisferio de Cantino de 1502, que muestra el meridiano designado en el tratado deTordesillas.

El subsiguiente Tratado de Tordesillas del 7 de junio de 1494, ratificó la división del mundo en dos hemisferios: el oriental, portugués, y el occidental, español. La línea de demarcación entre ambos quedó fijada a 370 leguas al oeste de Cabo Verde.

lea mas en: El 12 de octubre del 1492 – Colon y la modificación de la historia americana

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Acerca de Walter

nací para ser libre .... y enfrentar el desafío de una vida creado por el sol y formado por la luna!
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