Boyá, la primera reservacion indígena en las Américas

Uno de los últimos reductos de vida indígena

Boyá se encuentra en la República Dominicana, ubicado al nordeste de Santo Domingo, en la ruta de acceso a la montañosa región denominado Los Haitises, seis kilómetros después de la ciudad de Monte Plata. El valor histórico y la fundación del pueblito guarda estrecha relación con el destino de los primeros pobladores o nativos de Quisqueya y, por vía de consecuencia, con la construcción de una iglesia católica que data del 1540, época en que España expandía sus dominios sobre las nuevas tierras conquistadas en el Nuevo Mundo.

La palabra Boyá es de origen taíno y guarde algún tipo de relación con la abundancia de ríos de la demarcación y con las condiciones altibajos de las tierras o pastos comuneros rodeados de montañas, donde establecieron morada definitiva los remanentes de los aborígenes de la isla La Española.

La iglesia, construida de ladrillo y adobe al estilo de los demás edificaciones y monumentos de su género levantados por los conquistadores en América, ha resistido a través de los siglos las embestidas de huracanes y terremotos. Sobre el origen del templo y las razones para su construcción en una villa de contados vecinos y relativamente lejana al asiento del gobierno español establecido en la ciudad de Santo Domingo, hay una prolífica documentación histórica que con atinada sustentación permiten asegurar que Boyá fue el último reducto de los aborígenes de isla.

El nombre Boyá comienza a aparecer en las crónicas coloniales justamente después del acuerdo de paz suscrito entre España y Enriquillo, el cual puso fin a la primera sublevación indígena de América en contra de los abusos e injusticias de los conquistadores, estado de barbarie que llegó a su máxima expresión con el sistema de encomiendas o repartos de indios que comenzó a verificarse en La Española a partir de 1511.

El armisticio efectuado en 1533 dio lugar a la aparición de Boyá como territorio para el asentamiento definitivo del último reducto de los aborígenes de Quisqueya. Empero, con el surgimiento de Boyá moría la raza indígena, un hecho que trasciende las fronteras de la isla, desborda los linderos de América y perpetúa en la cima de la universalidad histórica ese barroso terruño situado en la jurisdicción de la provincia Monte Plata.

Fray Bartolomé de las Casas, uno de los más connotados cronistas de la época y testigo de excepción de los hechos acaecidos durante la Conquista, es quien primero señala concreta mente al pueblo de Boyá, en su Historia General de Indias, cuando comenta las incidencias del acuerdo de paz firmado entre el capitán español Francisco Barrionuevo y el cacique Enriquillo.

Las Casas sostiene que el nombre de Boyá, como demarcación o paraje ya existente en la isla que los aborígenes llamaron Quisqueya, fue determinado por el propio Enriquillo para congregarse con los suyos, unos cuatro mil indígenas de un total de aproximadamente más de un millón que habitaban la isla hasta el 5 de diciembre de 1492, a raíz de la llegada de los españoles.

El padre Las Casas precisa que la Corona, representada en su gobierno de ultramar, que lo era la Real Audiencia de Santo Domingo, y expresa disposición en ese sentido dada por el rey Carlos V, convino con Enriquillo y los escasos indios que sobrevivieron a los catorce años de rebelión en el Bahoruco, en que éstos fueran a vivir en los predios que ellos mismos eligieran.

El historiador José Gabriel García reposta ese juicio en su Historia de Santo Domingo, al afirmar que Enriquillo se estableció en Boyá, “la comarca situada a 65 leguas de la ciudad de Santo Domingo por recomendación del padre Bartolomé de Las Casas, a quien el indio acogió como su protector. Y sigue diciendo García en su obra señalada: “El cacique moriría dos años después, en 1535, a causa de la tuberculosis crónica que padecía, agravada en los fragores de la contienda bélica”. Cabe destacar que sólo hay coincidencia entre Utrera y García en torno la fecha en que se produjo la muerte de Enriquillo.

Gonzalo Fernández de Oviedo, cronista de la Colonia establecido en México después que Hernán Cortés fuera proclamado emperador de Nueva España, en su Historia Natural de Indias, escrita en 1548, recoge en sus páginas que el santuario de Boyá, en la isla de Santo Domingo, fue construido por disposición del rey Carlos V algunos años después al fallecimiento de Enriquillo en honor a la fe católica del indio.

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Enriquillo fue un cacique taíno que se rebeló contra los españoles.

Y, en efecto, el padre Las Casas corrobora esa aseveración cuando afirma que Enriquillo aceptó la fe católica durante su breve estancia en Santo Domingo después de los hechos bélicos del Bahoruco, a ruegos de él y otros sacerdotes dominicos que oficiaban misas en la Catedral Santa María la Menor, la primera iglesia de esa categoría construida en el Nuevo Mundo.

De su lado, Manuel de Jesús Galván, en su célebre novela “Enriquillo”, indistintamente habla de Boyá como morada definitiva de los indios incondicionales al cacique Enriquillo. En su renombrada obra encontramos por primera vez el nombre de Santa María de Boyá, lugar que define “como asilo sagrado, donde al fin el cacique, su esposa Mencía y sus fieles seguidores disfrutaron de paz y tranquilidad”.

Específicamente, Galván destaca que camino a Santo Domingo después de la misa celebrada en la iglesia de Azua, el tránsito de Enriquillo, su esposa Mencía y sus incondicionales guerreros “fue una serie ininterrumpida de obsequios, que como a porfía les tributaban todas las poblaciones”, y a continuación acota que “en la capital les hicieron fastuoso recibimiento y entusiasta ovación las autoridades, el clero y los vecinos, todos manifestando el anhelo de conocer y felicitar al venturoso caudillo”.

Más adelante, Manuel de Jesús Galván apunta lo siguiente: “Las capitulaciones suscritas en el Bahoruco fueron fielmente guardadas por las autoridades españolas, y Don Enrique pudo elegir, cuando le pudo, asiento y residencia en un punto ameno y feraz, situado al pie de las montañas del Cibao, a una corta distancia de Santo Domingo”.

Y de inmediato señala que en ese lugar fundó Enriquillo el pueblo que aún subsiste con el nombre de Santa María de Boyá, donde por disposición del rey Carlos V jamás sufrieron los indígenas las hostilidades a que fueron sometidos por los españoles desde el momento mismo en que Cristóbal Colón pisó tierra en Quisqueya.

“Hasta el término de sus días ejerció Don Enrique (Enriquillo) señorío y mixto imperio sobre aquella población de cuatro mil habitantes” (que a ese guarismo quedaron reducidos los indios de la toda la isla), recoge en sus páginas Galván en su novela Enriquillo.

Ciertamente Enriquillo, de acuerdo a los cronistas y los más fehacientes testimonios de la época, murió dos años después de establecerse con los suyos en Boyá.

Sobrevivió poco tiempo a su bello triunfo, y fue arrebatado por la muerte al amor y la veneración de los suyos, y a la sinceridad estimación y el respeto de los españoles”.

Otro aspecto importante en que Galván coincide con Las Casas es el relativo a la construcción de la iglesia en Boyá. Mientras el dominico Las Casas dejó escrito para la posteridad que el rey Carlos V dio instrucciones a sus súbditos en La Española para que se respetara la integridad física de los indios y se les ofrecieran facilidades de vida, Galván asegura que por diligencia de Mencía fue posible la construcción del santuario y, sobre ese particular, precisa:

“Su bella y buena consorte llegó a la ancianidad, siempre digna y decorosa, dejando cifrada su fidelidad conyugal de un modo duradero en la linda iglesia de Boyá, construida a costa de Mencía para servir de honroso sepulcro a las cenizas de Enriquillo”.

Respecto a la construcción del santuario católico de Boyá no se tiene una fecha exacta, pero se ha establecido por las referencias históricas de los cronistas que ya existía para 1548. (Las Casas y Oviedo escribieron sus Historias de Indias en los años subsiguientes al 1540).

Aztecas capturados en la península de Yucatán radicados en Boyá?

Otros acontecimientos acaecidos en la isla durante la Conquista también fortalecen la hipótesis de que el caserío de Boyá fue el cementerio de los aborígenes de Quisqueya, como fue la orden dada por la Corona a través del gobernador de Cuba, Diego Velázquez, a Cortés cuando se hizo a la mar a la conquista de México, luego de que Juan Grijalva explorara las costas de Belice y Yucatán, para que el navegante repatriara hacia Santo Domingo y Cuba los primeros indígenas capturados.

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Hernán Cortés Monroy Pizarro Altamirano, Conquistador y explorador espaniol.

Cortés, quien con anterioridad se desempeñó como escribano u oidor del cabildo de Azua, desoyó las instrucciones dadas por Velásquez tan pronto llegó a la Isla de Tris, luego llamada Isla de Términos, hoy conocida como Ciudad del Carmen, en el actual Estado de Campeche, en el Caribe mexicano.

El aventurero español, al observar la riqueza y cultura mayas, con modernas edificaciones enclavadas en apartados y montañosos lugares de su territorio, quemó las naves para justificar su imposibilidad material de regresar a Santo Domingo y cumplir con las disposiciones recibidas.

Al contrario, Cortés ensanchó sus dominios en otras demarcaciones de la civilización maya hasta llegar a Tecnotithlán, llegando incluso a pactar con Moctezuma para enfrentar las tropas españolas enviadas por Diego Velásquez desde Cuba desde que éste tuvo conocimiento de la insólita in subordinación de su protegido.

Sin embargo, años después Cortés convino en la repatriación a La Española de algunos mayas capturados debido a la insistencia de España de procurar la repoblación indígena de la isla tan cruelmente diezmada por sus implacables huestes.

Oviedo, en su obra ya citada, asegura que: “algunos aztecas capturados en la península de Yucatán fueron trasladados a Santo Domingo y radicados en el caserío de Boyá”.

En la iglesia de Boyá está una lápida construida debajo del altar, escrita en lengua taína, donde figuran algunos nombres de indígenas que murieron en la comarca y que fueron sepultados en el templo, entre ellos la cacica Mencía, esposa de Enriquillo. No se puede asegurar, sin embargo, si los demás indios que allí recibieron cristiana sepultura fueran súbditos del cacique Enriquillo o pertenecieran a los mayas traídos a la demarcación.

De comprobarse que los restos que reposan en esa lápida son de aborígenes aztecas, éstos serían los primeros aborígenes del Nuevo Mundo confinados a otra tierra distinta a la suya en cultura, lengua, costumbres y clima.

Boyá, pueblito dormido en el tiempo y el olvido, sirvió de cementerio a una raza que pagó con su vida la decorosa osadía de enfrentar hasta la muerte la barbarie y la opresión del intruso e insaciable verdugo español.

Breve Historia de Boyá, escrita por Tony Pina, periodista dominicano

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El mito de la extinción de la cultura Taína

Casi todas las historias dicen que los últimos Taínos de la isla Hispaniola eran los que se rebelaron con el Cacique Enriquillo en los años del 1519 hasta el 1534. Con el primer trato escrito entre los indios y una corona de Europa, Enriquillo y su gente recibieron su propio pueblo, Boyá, — un pueblo que, unos años más tarde, un grupo de africanos rebeldes le quemó, matando a todos los residentes que no huían a las partes periferias de la isla, a los desiertos y a las montañas.

la-herencia-taina.jpg Algunos documentos legales de la época testifican que un gran número de Taínos huía de los españoles. Algunos de los cimarrones se fueron a otras islas o a tierra firme. Otros se escondían en las montañas y desiertos de la isla hispaniola – preferían dejar detrás sus valles fértiles y vivir libre en tierras menos hospitalarias. Para mediado del siglo XVI, la mayoría de los españoles se habían mudado a Santo Domingo y sus alrededores. En 1555, una patrulla española descubrió cuatro pueblos “llenos de indios que nadie sabía” –un pueblo cerca de Puerto Plata, otro, muy cerca, en la costa del Mar Atlántico, uno en la península de Samaná, y uno al noroeste de la isla, en el Cabo San Nicolás. Es evidente que, después de unos cincuentas años, los indios cimarrones habían decidido regresar a las costas y valles fértiles del norte porque los españoles las dejaron.

Ha llegado la hora enterrar la creencia equivocada de que todos los Taínos se murieron.

El mito de la superioridad de todo lo que es español tiene su fundamento en una historia muy torcida entre los últimos 500 años, los años de la conquista y la ascendencia de los europeos a la cima del escenario mundial de la economía. La historia se torció porque los mismos historiadores eran los conquistadores europeos, y ellos confundieron una superioridad económica con una superioridad social y cultural.

La sobrevivencia de la cultura Taína en la República Dominicana

Históricamente, la identidad nacional de la República Dominicana ha sido basada en los relatos del Colonialismo Español acerca de la extinción de la gente indígena y en las ideologías del progreso y la civilización que están ubicadas dentro de la visión de la Hispanidad. Así que los dominicanos están desconectados de sus antepasados y de su herencia cultural indígena.

Esta herencia, junto a las pruebas históricas de la sobre vivencia Taína comprueban que la historia de la extinción Taína nunca ha sido verdadera.

En un sentido, la colonización española estaba victoriosa: declaraban que los Taínos estaban extintos y surgió una ideología nacionalista hispana que ha dominado discusiones de la identidad del país. Pero, con una reexaminación mas enfocada en la persistencia de formas culturales con orígenes Taínos, vimos su fortaleza. Las raíces de la cultura tradicional Dominicana son verdaderamente Taínas. Los Dominicanos quienes reflexionan sobre la extinción de los Taínos que aprenden en las escuelas y en la cultura nacionalista, entienden que es un cuento parcial de su identidad.

El profesor Dominicano Antonio de Moya escribió que “El genocidio Taíno es la gran mentira de nuestra historia… los Taínos dominicanos siguen viviendo 500 años después del contacto europeo”.

Dr. Pedro J. Ferbel Azcarate

3 respuestas a Boyá, la primera reservacion indígena en las Américas

  1. saludo:

    Sí hacemos un recorrido alrededor de la provincia de monte plata y boya, notaremos grupos de personas mulatas, mestisas y arrayanas; Igual que en otros lugares de la isla…¿verdad?…
    A-No hay una intensidad fuerte de rasgo y de ADN
    que prueve que boya fuera el último reducto indígena
    B-Se demostró con pruebas de ADN en otros lugares de la isla, que habían un 15 a un 18 de personas con DAN indígenas
    C-Se desian que había una cueva subterránea que pasaba por la iglesia de boya y quedaronn Españoles atrapados en la misma..¿No creen que fue el reducto el que quedó atrapado ahí dentro?…
    ¿Y sí fuera hasi, como se puede probar?…
    D-¿Cual es el misterio que nos puede encerrar las lapidas del templo?….
    Hasta Luego
    Le escribe Ricardo Luis Rivera de la Rosa

  2. Muchas gracias, estaba buscando una información como este, siempre me hacia la pregunta de porque los taínos se extinguieron a después del tratado logrado por Enriquillo y después de leer el libro La Isla al Revés de Joaquin Balaguer me intereso mucho buscar sobre el poblado de Boya.

    de verdad muchas gracias, ya en tiendo porque tengo un parecido a un Peruano, Ecuatoriano o Mexicano como las personas me confunden, ya que mi papa es de Puerto plata a un que tiene también corre sangre inglesa en sus venas

  3. Pingback: El ultimo pueblo Taino – Boyá, la primera reservacion indígena en las Américas | La historia de una América antigua

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